Los minutos posteriores al hallazgo sin vida del cuerpo de la docente María Teresa Galli se dividieron en al menos 3 momentos. A continuación, el relato de un hecho de inseguridad atípico que ocurrió a plena luz del día, en el radio céntrico de Concordia.

Primeras pesquisas

Un primer momento pude describirse cuando dos efectivos policiales, debidamente vestidos con indumentaria utilizada por estos días de pandemia de COVID-19, cortaron las cintas que impedían ingresar a la propiedad y pasaron a abrir las rejas para subir por los escalones rumbo a la puerta principal de la vivienda de San Luis 1023.

Ellos fueron los primeros y únicos en ingresar, una vez conocida la muerte, tal como se calificaba hasta ese momento. Los doctores José Arias y Francisco Azcue, del Ministerio Público Fiscal, quedaron en el camino de acceso junto a un par de policías vestidos con su clásica indumentaria azul. Cerca de las 12 de este lunes, aún estaban en el interior de la propiedad esos dos que ingresaron primero. Nadie más.

Búsqueda

El segundo momento tuvo, a su vez, al menos 3 episodios que pudieron retratarse. El primero fue cuando una voz se alzó entre los policías e inmediatamente después salieron corriendo de sur a norte por calle San Luis, hasta doblar en Avellaneda (esquina en la que dos escuelas son vecinas: la escuela secundaria «Cesáreo Bernaldo de Quirós» y los talleres de la Escuela Técnica N°1).

La carrera, a punta de pistola, siguió hasta calle Entre Ríos y culminó en una vivienda situada justo a la vuelta de donde se encontró muerte a la profesora de Biología. Hubo un amplio despliegue e incluso ingresó al lugar el fiscal Azcue aunque el resultado fue negativo.

Por último, la persecución siguió hasta calle Sargento Cabral. El resultado fue el mismo: no encontraron a nadie.

Allí, por calle Entre Ríos, se siguió el rastro del supuesto delincuente.
Allí, por calle Entre Ríos, se siguió el rastro del supuesto delincuente.

La búsqueda de él o los individuos vinculados con la muerte de Galli continuaba este mediodía.

Los familiares

Lo tercero a destacar es la familia que, de manera paulatina, se fue reuniendo en las proximidades de la casa. Estaba la hermana que inicialmente la encontró sin vida y otros más, entre ellos un hombre de mediana edad que corrió a la par de los uniformados al grito de “lo voy a matar, dejame que lo agarro yo”. Luego, uno de los fiscales logró calmarlo.

Y finalmente llegó otro hombre, de unos 60 años, que también se mostró visiblemente afectado. Rompió las cintas que impedían pasar por la vivienda de la casa y pretendió ingresar amenazando a los presentes. También fiscales y policías debieron contenerlo. Finalmente, desde Fiscalía asomó un dato más: fue un homicidio.

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